Si hay miseria y necesidad, no hay trabajo que dignifique

El 1 de Mayo se ha convertido, a lo largo de estos 126 años, en una mera celebración simbólica. Las calles de la ciudad estuvieron desiertas durante todo el día. Las “banderas” de los gremios siguieron guardadas en el  placard. Pocos son los que realmente conocen los motivos por los cuales ayer fue feriado. Aquel 1 de Mayo, fue una jornada de lucha bajo la consigna “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”, en la que cientos de miles de trabajadores se encontraron organizados.

Afortunadamente, luego de 126 años, las cosas han cambiado. En nuestra ciudad no existe el trabajo en negro, ni la precarización laboral, tampoco los sueldos están por debajo de la canasta familiar, ni  hay jornadas laborales de más de 8 horas; por el contrario, todos tenemos un trabajo digno con el cual darle de comer a nuestras familias. Gracias a la labor representativa de los gremios que nos aglutinan gozamos de vacaciones bien pagas y de paritarias que logran alcanzar y aún más, superar, el porcentaje inflacionario de la economía del país. Si no hay nada que reclamar, ¿por qué  los gremios saldrían a la calle?

Volvamos a la realidad: Mar del Plata es la ciudad con mayor desocupación del país. Hay, predominantemente, desempleo y trabajo en negro. Jornadas de trabajo eternas, donde no existe una ART que te respalde, ni siquiera una obra social a la cual poder acudir. Un ejemplo claro es el reclamo que desde hace meses están llevando a cabo diferentes organizaciones por el aumento del salario de los cooperativistas, quienes hoy están cobrando 1.344 pesos. Ellos son trabajadores en negro del Estado, que realizan las mismas actividades que deberían hacer los municipales por 4.000 pesos.

Las palabras de la presidenta fueron escasas y por Twitter. No por ello menos importantes: “(el Gobierno trabaja) por un modelo de acumulación que articula capital y trabajo y que le da al trabajo la centralidad clave para nuestra recuperación”. Nos permitimos parafrasear a la presidenta, diciendo que el gobierno mantiene un modelo de acumulación de capital que articula al mismo con el trabajo precarizado. ¿Quién o quiénes son los que acumulan capital? No sabemos quiénes, pero sí a qué clase pertenecen. Son las conducciones de los sindicatos, de la mano de las grandes empresas, quienes contribuyen y garantizan éste modelo del que se enorgullece la presidenta.

Esta fecha debería seguir siendo, como aquel 1 de mayo de 1886, una jornada de reclamo contra la precarización que hoy sufre la mayor parte de los trabajadores. Al mito de la “dignidad del trabajo” se le opone su inestable realidad. En estado de miseria y necesidad no hay trabajo que dignifique.

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