Podrán sacarnos todo, menos el rocanrol

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Morir queriendo ser libre/ encontrar mi lado salvaje/

ponerle alas a mi destino/romper los dientes de este engranaje.

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En el año 1987 murió un grande del rock argentino: Luca Prodan. Un año después, en el barrio de Mataderos, nacía La Renga, una banda que también hizo y continúa haciendo historia en nuestro país. Todos sabemos qué significaron aquellos años para las clases populares: falta de trabajo, represión sistemática de la policía, opresión cotidiana en los barrios. En los 90 los tapados de pieles, la pizza con champagne y los viajes al exterior mostraban una forma de vida ostentosa que poco se relacionaba con la realidad de los jóvenes argentinos. “Quizá mi fortuna de lata nunca te va a alcanzar para comprar todas esas pieles y esas perlas de mar”, canta el Chizzo en una de sus letras.

Las bandas fueron cambiando pero la mística permaneció a lo largo del tiempo: un público que no quiere casamientos, que no le interesa comprarse la casa en Alem, ni las vacaciones en Punta del Este, ni la vida de shopping en Güemes. Un público que levanta la bandera del Che Guevara, que vive con 2 mangos, que se enfrenta todos los días a la persecución de la policía, que repudia la pureza estética y los silencios de las clases acomodadas. Toda esta mística que puede resumirse en el repudio al estereotipo del careta es, sin lugar a dudas, una crítica estructural a los valores que aún hoy organizan  una sociedad desigual. No es casual que uno de los emblemas rece: “Una bandera que diga Che Guevara/ un par de rocanroles y un porro pa’ fumar/ matar un rati para vengar a Walter/ que en toda la Argentina comience el carnaval”.

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Fotografía de Ricardo Stinco 

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Este clima volvió a explotar el pasado sábado en la pista de atletismo de la ciudad de Mar del Plata. Alrededor de 30 mil de personas –aquellos que en los 90 eran adolescentes, junto con las nuevas generaciones- poblaron las manzanas aledañas al sitio donde se realizaría el evento. La calles estaban llenas de camionetas y colectivos con pintadas alusivas a distintas bandas del rock nacional, también los infaltables trapos, los choris, las remeras de la banda, las zapatillas de lona, la música a todo volumen, porros, vino, birra y miles de fanáticos que recorrían las calles forjando el folclore de “la previa” al recital.

Alrededor de las 21.30 hs. se apagaron las luces y La Renga arrancó el recital. Con la potencia de Canibalismo galáctico dieron comienzo a las dos horas de puro rock y agite ininterrumpidos. Siguieron temas como El rito de los corazones sangrando, El final es en donde partí y Montaña roja. No faltaron las banderas de distintas partes del país, tampoco la policía. Todo ocurrió según lo esperado: adentro los cánticos hacia ellos y afuera la represión. Hubo balas de goma, jóvenes perseguidos por la policía y un público lastimado.

Los actos de protesta no son exclusividad de los fanáticos. La Renga es desde hace varios años la banda más convocante de la Argentina y además es independiente. Su ruptura con el sello Universal guarda coherencia con la recurrente libertad de la que hablan sus letras, sucede lo mismo con su negativa a participar de un recital organizado por el gobierno.

La convicción y la fuerza con la que arremete su gente son indiscutiblemente la expresión de la gran base social disconforme de nuestro país. Multiplicar el descontento es necesario, dar un paso más, indispensable: transformar ese descontento en ese carnaval deseado. Recién ahí estaremos Hablando de la libertad.

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