El abuso es de los medios

“La tenés adentro”, dijo el Diego a un periodista en una conferencia de prensa. Muchos fueron los medios que se levantaron contra sus dichos. Nunca importaron las palabras del Diego, sino el Diego diciendo esas palabras. La lectura magnificada y tendenciosa de dicha afirmación en tanto homofóbica y mal vista por la prensa internacional, fue tema repetido hasta el hartazgo sólo porque quien lo enunció fue un negro, piojo resucitado, villero, ignorante; aunque famoso.

Links a las notas: “Liberaron al ‘wachiturro’ acusado de abuso sexual” y “Difunden fotos para tratar de desprestigiar a la chica”

Durante las últimas semanas los grandes multimedios prestaron especial atención a Emanuel Guidone y la menor involucrados en el famoso caso. Clarín eligió hablar del wachiturro abusador, mientras que La Nación hizo hincapié en las palabras de la madre de la chica de 13 años abusada. Nada nos corresponde menos que juzgar el hecho en concreto, sí lo que se enuncia.

Fueron distintos los dos casos anteriores. La estrategia mediática fue la misma. Toda situación es recortada para poder ser narrada y asignarle un sentido. Y no hay recorte que no sea ideológico. Detrás de cada frase que se dice, hay una voz sin nombre que habla. Cuando los medios eligen decir, titular y/ó subrayar aquello que dicen o hacen el Diego, un wachiturro o una joven de 13 años; la voz sin nombre que juzga es conservadora. El uso de lo dicho es la herramienta que permite traficar la indignación burguesa de la que habla Alejandro Dolina a cambio de la visión objetiva de la que se jactan.

Las preguntas “¿Dónde estaban los padres de la chica?” y “¿Por qué teniendo 13 años estaba sola?”, hacen hablar a los sedimentos más retrógrados de nuestra sociedad: aquellos que reivindican la familia, el cuidado del mayor por sobre el menor, la necesidad de control sobre los jóvenes y su incapacidad para valerse por sí mismos. El señalamiento del antecedente por robo del wachiturro, usado como probatorio de su culpabilidad no sólo es improcedente, sino prejuicioso. Quien alza la voz aquí es el racismo y el desprecio por los pobres y sus modos de vida. Los medios interpretando como inverosímil el no del wachiturro frente al intento de la adolescente por besarlo y el manejo de aseveraciones tales como: la chica de 13 tiene fotos “en ropa interior, provocativa”; no hacen más que producir y reproducir los cánones del machismo tradicional que en tantas notas anteriores, ellos mismos repudian.

Nos preguntamos hasta cuándo los grandes medios serán socios de aquellos que operan pautas de conductas normalizadoras, cuándo dejarán de filtrar sigilosamente la bandera del machismo, el racismo y el odio por las clases oprimidas. Cuándo comenzarán a ser una herramienta de emancipación.

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