“Es mentira que no se puede”

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“Darío Santillán, la dignidad rebelde”, el documental dirigido por Miguel Mirra, movilizó y emocionó a los presentes, ayer por la tarde en la sala Payró del Teatro Auditórium.

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Todos conocen lo que ocurrió con Darío en la masacre del 26 de junio de 2002 en Avellaneda. Todos conocen cómo y quiénes asesinaron a Darío. Lo que pocos conocen, porque nunca es noticia en los grandes medios, es la vida de Darío Santillán, su compromiso desde que tenía escasos 16 años, su trabajo diario en Lanús.

Solidario es el primer adjetivo con que todos los entrevistados durante la filmación -compañeros, vecinos y familiares- describen al militante de lo que fuera el Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón. Muestra de ello eran sus visitas a las casas de sus compañeros y la preocupación por sus condiciones de vida. El trabajo que realizaba Darío en su vida cotidiana, es el lente desde el que se proyecta el documental a través del cual puede verse lo que en la Argentina de ese momento se venía gestando. Aquello mismo que con balas de plomo intentaron destruir: la organización y la lucha por una vida digna.

Miguel Mirra, director de Darío Santillán, la dignidad rebelde, mantuvo diálogo con COMUNA. Sus palabras, que más abajo socializamos, nos permiten conocer el por qué y el cómo de éste documental.

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                                                                                        Miguel Mirra, en el estreno de su documental en Mar del Plata

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¿Por qué un documental de Darío Santillán?

Fue una idea de Miguel Mazzeo, un intelectual orgánico de los movimientos sociales y populares. Yo estaba por hacer un documental sobre los movimientos sociales en argentina y como él lo había conocido a Darío cuando era adolescente -porque había dado cursos y charlas ahí en Almirante Brown-, me dijo: “Mirá, se cumplen 10 años, estaría bueno…”. Yo cuando empecé tenía una idea que me parece que tiene todo el mundo: un buen pibe que mataron. Pero cuando empezamos a indagar salió lo que se ve en el documental. Nos dimos cuenta que no era sólo eso, que había mucho más. Entonces decidimos hacerlo.

¿Cuánto tiempo llevó desde la idea del documental hasta terminar de editarlo?

Rapidísimo. En tres meses lo liquidamos. Salió todo rápido, porque la gente estaba ahí, estuvo predispuesta. La familia, el padre, los hermanos, los que militaban con él. Enseguida nos fuimos conociendo. Aparte yo soy de Lanús, la zona la conocía bien. Así que fue muy rápido.

¿Cómo fue la financiación para poder hacer el documental?

Ese es un verso que instala el poder, para que vayan a mamar de la teta del Estado y sacarle plata al INCAA. Y se juntan para presionar. En realidad el documental lo hicimos con 20 pesos. Con una camarita digital y editando en la computadora de casa. Es mentira que no se puede. Hay un montón que viven de eso, se agrupan en DOCA (Documentalistas Argentinos) y van y hacen lobby. Dicen que un documental sale 100 mil dólares y después no sé qué hacen con la plata, pero no sale 100 mil dólares. Nosotros tenemos una lucha desde hace años contra ese mito de que es difícil. Porque justamente lo que quiere el poder es que no hagamos. Que andemos atrás de ellos, mendigándoles; y si no nos dan, no hacemos. Y en realidad la idea en esto también es construir poder popular: hablar con la gente y que nos ayude. Hacer co- producciones y lo sacarlo adelante. No sé cuánto nos salió, pero no nos fundimos ni nada parecido.

¿Dónde y cómo se seguirá proyectando el documental?

La idea es que sea así, como hoy. Con entrada libre y gratuita. Nosotros les cedimos los derechos de venta de los DVD a la Editorial El Colectivo. Se venderán y algunos los están regalando. Pero será de libre acceso, porque lo hicimos para eso.

¿Cuál es hasta el momento la repercusión del documental en salas?

Como hoy: se trasforma en un acto. A pesar de que la gente en la mayoría de los lugares no es del Frente Popular Darío Santillán, igual se identifica con Darío y termina en cánticos.

¿Te pasó durante la filmación del documental esto de involucrarte de esa manera?

Sí, todo el tiempo, claro. Cada vez que la veo (eso que la vi unas cuantas veces) hay partes que me conmueven. Eso de que en el documental hay que ser neutral es mentira. Hay que involucrarse. Hay que emocionarse uno para emocionar a la gente.

¿Cuál era el objetivo del documental?

Movilizar, movilizar afectivamente. Después uno lo canalizará por donde le parezca: la militancia social, cultural, hacer cosas, producir arte. Ir para donde se sienta liberado. Nuestra intención es movilizar afectivamente, después no podemos hacer nada. Movilizarnos y conmovernos nosotros, para conmover a los demás y que vean el mundo desde otro lado.

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