Sólo hay lugar para el discurso

.

De los últimos presidentes con los que contó nuestro país, Cristina Fernández ha sido la más reticente al momento de tener contacto con la prensa. La lógica de su enunciación es la del discurso, jamás la del diálogo o la entrevista. Como si nadie estuviese habilitado a interrogarla, salvo ella misma. Fue notable su presencia en el acto por el 25º Aniversario de Página 12, celebrado en el Auditorio “Haroldo Conti” de la ex-ESMA (¡vaya lugar para celebrar!). En el sitio elegido para la fiesta, la presidenta brindó un discurso de más de media hora. Su disertación estuvo plagada de alusiones a diversas situaciones (siempre anónimas), reconstrucciones arbitrarias de la historia, halagos y chicanas, agudas reflexiones filosóficas y la infaltable apelación al folclore nacional y popular.

Llamar por su nombre de pila a varios de los presentes, es un artificio recurrente de la presidenta para generar un clima de complicidad. La cúpula del diario fue en esta ocasión la principal destinataria. Matizada con anécdotas, Cristina Fernández reconstruyó la historia de Página 12. En un acto autorreferencial y emulando a esos amigos que aprovechan la circunstancia para hablar de sí mismos, la presidenta trazó una línea de continuidad ideológica entre las gestaciones del diario y el Frente Parala Victoria (FPV) en Santa Cruz. Cualquier situación es oportuna para hablar de la trascendencia del kirchnerismo. El paralelismo cronológico que trazó entre el comienzo del FPV y el de Página 12 reunió los proyectos en una misma matriz ideológica. Como si compartieran idéntico proyecto por el hecho de haberse originado en el mismo tiempo. Y como si el FPV y Página 12 hubiesen sido siempre lo mismo. En la ontología del kirchnerismo Página 12 es un ente inmutable, sin origen ni procedencia.

En un relajado acto de fanfarronería, Cristina Fernández recordó a los presentes lo honroso de su existencia (la de ella, por supuesto) y señaló el privilegio de no ser silbada en un espacio “tan crítico de todo”. Predijo que si futuros presidentes pudieran estar en el 50º Aniversario también sin ser silbados, sería muestra de que hacen las cosas bien. En la ética del kirchnerismo, Página 12 es la vara con la que se mide lo correcto y la garantía de la voluntad popular.

En su locución intenta desarrollar el concepto de lo colectivo que dista mucho de la figura centralizada de la presidenta. Enuncia un “nosotros” que en lo fáctico contrasta con su papel unipersonal de la vida política del gobierno. Es evidente que la voz oficial del kirchnerismo es la figura presidencial. No hay otro vocero autorizado a manifestarse públicamente y quienes se atreven a desafiar esta premisa son acusados públicamente de vivaracheros. Cristina Fernández se enorgullece de no ser el centro del discurso, pero es en efecto el único lugar desde el que se pronuncia.

En un maravilloso momento de lucidez intelectual la presidenta desarrolla una muy elaborada crítica al vanguardismo, del que afirma distanciarse. Por el contrario, esgrime una nueva interpretación del concepto de “dirección”: son portadores de tal habilidad aquellos que muestran a las mayorías equivocadas el verdadero rumbo del devenir histórico (¿Hay alguna diferencia entre esto y la “palabra maldita vanguardia”?). En la misma línea señala una distinción teórica entre ideología y política. Las ideologías son determinadas por la naturaleza y no parte de una producción histórica y social. Lo político es la puesta en práctica de las ideas. Esta es llevada a cabo por los sujetos, quienes son “meros instrumentos de la historia” y no por su propia voluntad. En la filosofía política del kirchnerismo quienes no tienen los medios para materializar su ideología no son actores políticos.

Luego de un sinfín de anécdotas elocuentes (tantas que no podemos enumerar) la presidenta no se privó de darnos una extraordinaria caracterización del “militante”. Él es quien busca el bien común pero sin excederse en el altruismo. Alude a miles de jóvenes que se han incorporado a la militancia política apoyando al proyecto nacional; para Fernández son el ejemplo de militancia. Rescata las formas moderadas y pacíficas usando como ejemplo a las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, repudiando los modos “desmesurados” de la protesta. Quienes gritan, quienes cortan una ruta, quienes insultan y quienes se comprometen en demasía, no son los sujetos históricos del kirchnerismo.

El periodismo, en palabras de la presidenta, es la posesión de información teórica que permite interpretar la realidad a través del pensamiento abstracto, para luego pasar a dar una interpretación de esa realidad. Pero reside en Cristina Fernández una concepción limitada de la actividad periodística. Quienes desarrollan esta labor a través de medios virtuales son deslegitimados y son un peligro del cual se desconocen los intereses que lo movilizan.

El discurso de la presidenta nada tuvo que ver con la celebración de los 25 años del diario. En los hechos, se encargó de poner a la luz toda una producción teórica sobre la que se edifica la práctica política del gobierno nacional. A su vez hizo una reinterpretación histórica sobre la gestación de ese fenómeno político-mediático que es el “kirchnerismo”. Su política, sin dudas, es la del abuso del discurso en los medios del Estado y los de sus amigos.

.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s