Esclavos de la comunicación

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Por primera vez en 142 años, los trabajadores de La Nación realizaron una medida de fuerza que consistió en paralizar la distribución de la tirada impresa del diario. Algunos multimedios -como Tiempo Argentino y Página 12- no dieron difusión al conflicto. Otros –como Clarín-, se limitaron a “copiar y pegar” la versión de la empresa. No más de dos párrafos fue lo dedicado al conflicto por los medios.

Un veloz lector de titulares probablemente jamás se enteró de la existencia del conflicto. Y aquel que sólo lee las publicaciones de los grandes medios obtuvo, como ya es costumbre, sólo una parte de la información: el perjuicio de los empresarios en la voz de los propios empresarios. Hurgando, investigando, escuchando diversas radios, preguntando ó googleando hasta el hartazgo; se puede conocer al menos una pizca de cuál es reclamo de los trabajadores.

La exigencia principal hacia la empresa del multimedio es el pase a planta permanente de quienes hoy permanecen tercerizados. Como consecuencia de este reclamo, La Nación suspendió a 30 obreros acusándolos de “causar daño patrimonial sobre bienes de la empresa”. Mientras tanto, la misma contrató a otras personas que desconocían la tarea a realizar. Durante los días sábado y domingo, no hubo una normal distribución del diario ya que parte de la maquinaria no se encontraba en buen estado. Ante este panorama los trabajadores de múltiples suspensiones, reunidos en asamblea, decidieron que el diario del martes no se imprimiera. Darío Sosta, Secretario General de la Comisión Interna de La Nación, denuncia los contratos en negro, la división entre trabajadores “de primera” y “de segunda”, la anulación de los francos y los feriados y la obligación de cumplir con una jornada laboral de 18 hs.

El martes 12 en la versión on line de La Nación, se publicó un pedido de disculpas a los auspiciantes y a la “opinión pública” por la ausencia del diario en su edición impresa. Entre acusaciones de sabotaje e ilegalidad hacia el personal gráfico de la planta impresora, la empresa confunde a sus lectores acerca de cuál es el reclamo. Relacionan dicho paro con las paritarias salariales que están en negociación, mientras que la diferencia que los huelguistas marcan con el resto de los gremios es que ellos van por reivindicaciones mucho más básicas que la cuestión salarial, comprendidas en el Convenio Colectivo de Trabajo 60/89. De ésta manera, el multimedio falsea las demandas de sus propios trabajadores.

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Reproduciendo la acusación de La Nación, Clarín reitera textualmente el pedido de disculpas. Así, ambos medios sitúan como principales damnificados a los lectores, anunciantes y distribuidores del diario, restando importancia -casi hasta el ocultamiento- al reclamo del personal gráfico por  los derechos laborales que no son respetados en la empresa.

Resulta paradójico que la demanda de quienes son trabajadores de la comunicación haya caído en un rotundo silencio. Aún más paradójico es que sus colegas también se callen. Y es que aquello que se dice está bajo el control de los empresarios y responde a su conveniencia. La paradoja aparente tiene su explicación: quienes escriben, corrigen y hacen la tarea cotidiana de comunicar no son los mismos que deciden qué se escribe y qué se comunica. Una vez más los modos de comunicación hegemónicos legitiman el sistema de dominación que reproduce la lógica de explotados y explotadores; aún cuando los explotados son los propios trabajadores del diario.

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