“Lo mataron, pero se lo merecía”

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El mediodía del viernes 15 de junio en la ciudad de Mar del Plata, el oficial Bruno Díaz de la comisaría decimosexta, perseguía a Maximiliano Villarroel de 21 años, con supuestas intenciones de detenerlo. De repente, un balazo en la nuca mató al joven. Lo siguiente fue una bala desaparecida, varios cargadores de armas reglamentarias incompletos, tres vainas en el piso -dos de las cuales son de la misma marca que la 9 milímetrosde Díaz-, un oficial negando sus supuestos disparos y vecinos reclamando por el mal accionar policial. Lo relatado ocurrió un día después de la tan pretendida reunión del intendente Pulti con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. En la misma se discutió una solución “viable” al “flagelo de la inseguridad” y se resolvió designar un nuevo jefe Distrital de Policía, Ramón Negretti. 24 horas después: un joven asesinado y un sistema que aparece avalar, en los hechos, la pena de muerte.

Los dos medios más importantes de nuestra ciudad –La Capital y El Atlántico- inmediatamente después del hecho subieron en su versión on line la nota correspondiente a lo sucedido. Ambas publicaciones relatan, no solo lo acontecido ese mediodía, sino lo acaecido durante la noche y los meses anteriores. Una de las diferencias sustanciales es  que en su nota, La Capital, hace repetidos juicios de valor negativos hacia la víctima, llamándolo “peligroso delincuente”, como si por ello mereciera ser asesinado a quemarropa. En cambio, El Atlántico, no sólo no utiliza estos términos, sino que decide llamarlo por su nombre desde el principio, aunque a veces lo hace de manera equívoca. Lo que corresponde es que la prensa llame a alguien por su nombre, lo perverso es que otro lo reemplace por semejante calificativo.

Si sólo leyéramos los titulares de ambos medios, creeríamos que se trata de dos noticias distintas. El Atlántico informa el asesinato de un joven y un policía responsable. Para La Capital un delincuente muere y un policía sólo es acusado. La misma diferencia se expresa en las fotografías que seleccionaron para la nota: en una aparece el cuerpo sin vida de Maximiliano, mientras la otra muestra un auto que habría sido robado  el día anterior y parte de un patrullero.

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Otro punto que contrasta en ambos medios es la evaluación y posición frente a los hechos antes mencionados. La Capital no hace referencia en ninguna de sus tres notas publicadas a la posibilidad de que haya sido un caso de gatillo fácil. Apunta a los antecedentes de la víctima (no comprobados), su segura portación de armas (aunque al momento de ser asesinado no poseía ninguna) y a una bala que habría surgido desde la villa (aunque el tiro dio justo en su nuca). Su manera de ordenar el relato del hecho, la ambigüedad con la que informa lo sucedido, la acentuación de los antecedentes de Maximiliano; la clara intención de evitar hablar del policía que disparó el arma, son algunas marcas claras que no hacen más que justificar el asesinato de un joven pobre de barrio en manos de la policía. El Atlántico al menos concibe la posibilidad de que sea un caso de gatillo fácil, sin dejar de descartar otras variables.

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La información mal manejada (no constatada al momento de publicar las notas) y la desprolija edición (ambos diarios escriben erróneamente el nombre de Maximiliano Villarroel, por ejemplo); apuntan a generar confusión al momento de interpretar los hechos y también colaboran con la intención de que lo acontecido no cobre importancia significativa para la comunidad marplatense. Se pretende informar sin profundizar demasiado.

Cada medio marca claramente qué opinión quiere formar en sus lectores. El Atlántico muestra su costado (aparentemente) más progresista, cercano a los DDHH –como lo ha hecho antes con los temas de la trata de personas y los juicios por la verdad-; y La Capital sigue mostrando su único lado, el de condenar a la víctima si vive en una villa y salvaguardar al victimario, sobre todo si es miembro de alguna institución represiva.

Por Blanco Teta, Unicornio Azul y Violeta Porro

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Un comentario el ““Lo mataron, pero se lo merecía”

  1. Además, en su Facebook, el movilero Alberto Mena, de Radio Brisas, tuvo muy malos conceptos hacia la víctima y defendió al oficial de policía, con el pretexto de “algo hay que hacer con la inseguridad”

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