Piqueteros, mito popular, piqueteros otra vez…

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La década de los 90 marcó a fuego la memoria colectiva de las clases populares argentinas. El “uno a uno” impulsado por el gobierno menemista a través de la Ley de Convertibilidad significó Miami, pizza y champagne para unos pocos; desocupación y extrema pobreza para la gran mayoría. Los organismos internacionales de crédito eran quienes diseñaban la estrategia económica a seguir para los países más empobrecidos del mundo, entre ellos los de América Latina. A cambio, la economía local debía abrirse al capital extranjero a través de las empresas multinacionales. La industria nacional caía en picada y dejaba paso a las privatizaciones de las empresas del Estado. La debacle social fue inevitable.

Con la llegada de Fernando De la Rúa nada cambió. El punto crítico fue diciembre de 2001 con la implementación del famoso corralito –pensado para evitar la desfinanciación de los bancos- y de las medidas tendientes al ajuste en los sectores más empobrecidos. La revuelta popular tardó menos de un mes en llegar. Piquetes, marchas, asambleas barriales y ollas populares se venían organizando desde hacía algunos años en respuesta a aquellas políticas. La estrategia del poder de enfrentar a la clase media con las bajas se vio frustrada. El 20 de diciembre fue muestra de ello.

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Duhalde, el Puente Pueyrredón y la Masacre de Avellaneda

Los cinco presidentes en una semana fueron la máxima expresión de la crisis de la representatividad. El último fue Eduardo Duhalde quien pregonó las máximas de “reconstrucción de la autoridad política e institucional, de garantizar la paz social y sentar las bases para el cambio del modelo económico y social”. La pretendida solución provino del mismo núcleo que causó el problema: la casta política PJ/UCR. El apodado “cabezón” pertenecía a la facción más reaccionaria del peronismo y arrastraba un dudoso prontuario político que iba desde sospechas de vínculos con el narcotráfico a relaciones con la Triple A.

Lo que pasó era de esperarse. Para sostener aquello que se estaba resquebrajando fue necesario un brutal ajuste a los sectores mas postergados. Las organizaciones populares respondieron con un enérgico plan de lucha. Nucleadas en la Asamblea Nacional de Trabajadores ocupados y desocupados (ANT) y en la Asamblea Nacional Piquetera, programaban piquetes, cortes de ruta, bloqueos a empresas y marchas. La segunda ANT, realizada los días 22 y 23 de junio de 2002 en el Polideportivo “José María Gatica” de Avellaneda, reunió casi 1000 delegados que resolvieron cortar los accesos a la capital y a las provincias el 26 de junio.

Días previos a la movilización, Duhalde y su gabinete habían advertido que no dudarían en utilizar todos sus instrumentos -naturalmente represivos- para replegar la movilización piquetera. Y así fue. En el Puente Pueyrredón varias eran las organizaciones que se habían apostado. Desde José C. Paz, La Plata, Guernica, San Francisco Solano, Lanús, Florencio Varela, Quilmes y Esteban Echeverría, las banderas de los distintos grupos que integraban la Coordinadora de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón, se movilizaban hacia Avellaneda. También lo hacían el Movimiento Teresa Rodríguez, el Bloque Piquetero Nacional y el Polo Obrero, entre otras. Lo que los esperaba era un cordón policial que impediría la unificación de las dos grandes columnas. Luego: desborde, represión y masacre. Los gases y las balas de plomo, en manos de la policía, dispersaron a los piqueteros. Maximiliano Kosteki cae en la Estación Avellaneda. Darío Santillán volvió a socorrerlo. La misma policía que había matado a Kosteki, le ordenó que se vaya. Un segundo después, el comisario Alfredo Franchiotti le disparó a quemarropa por la espalda.

Duhalde, sus funcionarios -entre ellos Aníbal Fernández-, el gobernador Felipe Solá, los grandes multimedios; todos apostados a justificar la represión de la cual Franchiotti fue la cara más perversa.

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Diez años después

Tras 10 años de la masacre reina la impunidad. A 12 días de cumplirse los 10 años del asesinato de Darío y Maxi, el ex comisario Fanchiotti fue trasladado a un régimen carcelario abierto y de reinserción social, destinado a presos que estén cumpliendo la última etapa de su condena y que hayan demostrado buena conducta. Esta clara provocación se da en el marco de las actividades que se vienen realizando en todo el país reclamando justicia y exigiendo el castigo a los responsables de la Masacre de Avellaneda.

En Mar del Plata varias fueron las propuestas: la presentación del libro y el documental que muestran la vida de Darío, la proyección de la película en la Sala Payró del Teatro Auditorium (para ver la cobertura de COMUNA hacer clic aquí), una obra de teatro en el Complejo Universitario y actividades barriales. Como culminación del cronograma el sábado 23 se realizó una concentración y movilización en el Monumento a San Martín, convocada por la regional Mar del Plata de la Coordinadora de Organizaciones y Movimientos Populares de la Argentina. Durante el acto se presentó la obra teatral Un poco de agua, dirigida por Martín Cittadino.  Posteriormente, se dio lectura a un documento en el que se denunció, entre otras cosas, la continuidad en el accionar del aparato represivo del Estado con los casos de gatillo fácil, la aprobación de la Ley Antiterrorista y las desapariciones de Luciano Arruga y Julio López. También se manifestó el rechazo a los beneficios para el comisario Franchiotti y se exigió el juicio y castigo a los responsables políticos e intelectuales de los asesinatos de Santillán y Kosteki.

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Finalizada la eufórica lectura y al grito de “Maxi y Darío ¡Presentes!”, se dio comienzo a la marcha en la que participaban las organizaciones convocantes: Frente Popular Darío Santillán, Colectivo La Grieta y Centro Cultural América Libre (nucleadas en la COMPA), Los Sin Techo, la Juventud Rebelde Resiste, Madres y Padres en Lucha, Asamblea de Filosofía, Movimiento de Estudiantes de Psicología, Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Tendencia Estudiantil Revolucionaria, Partido de los Trabajadores Socialistas, HIJOS, el Centro de Estudiantes de Ciencias de la Salud, Libres del Sur y Proyecto Sur. La columna de gente realizó un recorrido por el centro de la ciudad de Mar del Plata. El clima que se respiraba vibraba entre la emotividad y la bronca. La policía, Duhalde, el gobierno que no avanza en la investigación y la vigencia de la lucha de Darío y Maxi fueron las principales notas de los cánticos. La movilización finalizó en Mitre y San Martín, donde el cierre fue protagonizado por gritos que exigían justicia.

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Por Viejo Verde, Fiesta Negra, Caperucita Roja y Patito Amarillo

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