Gente sin casa, casa sin gente

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Es evidente que en nuestro país la problemática habitacional es de carácter estructural y las “buenas intenciones” de los distintos estamentos gubernamentales (nacional, provinciales y municipales) parecen no paliar el déficit. Todo lo contrario. Como ya dimos cuenta (para ver nota al COMUNA con respecto clickear aquí) la represión desmedida y la criminalización de las acciones directas -como tomas de terrenos- son las primeras medidas oficiales.

La ciudad de Balcarce no es la excepción. Con una población superior a los 40000 habitantes, el déficit habitacional es una de las problemáticas que más agobia y la que menos relevancia tiene en la agenda política y mediática. Si adquiere importancia para los políticos de turno y los medios masivos, no es más que para criminalizar la pobreza de aquellos que decidieron, frente a la ausencia del Estado y la inoperancia de sus administradores, tomar un pedazo de tierra o alguna vivienda abandonada.

Este tipo de acciones se vienen desarrollando con mayor impulso desde los últimos tres años. El fracaso de los planes de construcción de viviendas no es más que el resultado de la farsa política, la venta de las ilusiones y los negocios mal habidos. El anuncio de entrega de las nuevas casas, con un gran escenario, lágrimas de emoción y la demagogia vomitiva, no son más que la puesta en acto de una gran mentira. Se entregaban, sin ningún reparo ni sonrojo, los números de casas que aun no habían empezado a construirse. Un juego siniestro con las necesidades de quienes no tenían un techo.

Pero el hartazgo se hizo advertir y aun sigue dando que hablar. En febrero de 2010 unas 20 familias fueron las primeras en tomar casas de uno de los barrios comprendidos en el plan nacional de viviendas. Se fueron sumando más sin techos y el barrio se fue llenando. No faltó el accionar de la policía local y de agentes llevados a la zona para que actúen en conjunto, como toda fuerza represiva. También el accionar de la fiscalía, a cargo de Rodolfo Moure, quien prohibió el ingreso y egreso de los vecinos y de familiares, incluso para llevar agua o alimentos a quienes se encontraban ocupando el barrio. Sin embargo, y mal que les pese a muchos, les siguieron nuevas tomas en otros puntos de la ciudad. La urgencia y la necesidad de tierra y vivienda estalló en la cara de políticos e informadores, quienes gastaron aire de sus radios y tintas de sus periódicos para estigmatizar a los sin techo, acusándolos de “usurpadores”, “violentos” e incluso, con tonalidad fascistoide, de “ser ciudadanos de otras localidades”.

Previo a esta extraordinaria experiencia, había tenido lugar la toma de un terreno por parte de 9 familias. De a una fueron ocupando una parcela de tierra hasta constituir un barrio de precarias casillas de chapas y maderas, en primera instancia, para posteriormente y con mucho esfuerzo construir con materiales más sólidos. Las instalaciones de luz y agua llegaron de la mano de la voluntad conjunta de las familias, en la que se exhibieron la estigmatización a su condición de ocupantes  -y por ende de pobres- y la discriminación de oficinas y despachos, como relatan los vecinos.

En medio del proceso de toma y construcción, quienes ocuparon el terreno intentaron por todos los medios negociar el pago de sus parcelas con los titulares de los terrenos Pero la otra parte no disponía de la misma voluntad. Durante la frustrada negociación el municipio, bajo la administración del intendente José Enrique Echeverria, hizo gala de su capacidad: la de ocultarse frente a las urgencias sociales. Por supuesto, no faltaron las promesas incumplidas, ni las visitas de funcionarios con esperanzadoras palabras que nunca concretaron sus intenciones.

Hace pocos días, y a más 4 años de las tomas, se les notifica a los vecinos, mediante despacho judicial, el inminente desalojo de sus viviendas. Evidentemente ya se habían tomado cartas en el asunto: los titulares de los terrenos negando la propuesta de las familias y el municipio brillando por su ausencia. El desgano, el quiebre emocional y la desesperación aparecen en primer lugar en los vecinos. “Cuando llego la carta a mi casa estuve tres días tirada en la cama, sin ganas de levantarme”, cuenta a COMUNA Mónica, una de las compañeras ocupantes. Y sigue, “pero tenia que levantarme, por mis hijos y por todo el esfuerzo que nos costó con mi marido construir nuestro techo”. “No voy a permitir que me saquen, de acá no me sacan”, concluye.

Nunca está demás -ante la urgencia- hacerse algunas preguntas: ¿Dónde están los funcionarios en este tipo de situaciones? ¿Qué juego macabro se esconde en hacer promesas que lejos están de concretarse hacia los sectores más excluidos? ¿Cuál es el papel de los medios de comunicación masivos, particularmente del hegemónico Multimedio Balcarce propiedad de Leonardo Clasadonte? ¿Por qué tergiversaron  la información, creando una vasta franja de opinión que roza la xenofobia, el racismo y el odio de clase?

Algo queda claro: el acceso a la vivienda digna sigue siendo una de las “materias pendientes” del modelo kirchnerista, como si cupiese la posibilidad de aplazarse sin ninguna dificultad. Las tomas de viviendas y tierras seguirán siendo las medidas más pertinentes ante el abandono y la inoperancia de los gobiernos. Las palabras de Mónica, que no sólo sintetizan las voces de los vecinos de su barrio sino la de miles de sin techos y sin tierras, son un aliciente que marcan que la lucha por la defensa de su techo es un deber impostergable.

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Viejo Verde

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