Trimarchi: humanos gráficos

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Un comentario que resonó el último fin de semana en el polideportivo y sus verdes alrededores fue el de la humanidad que respiraba esta edición del Trimarchi. Es que ya comentar acerca del nivel profesional de las conferencias, de la multitud participante, de la multiplicidad de opciones artísticas, exposiciones y ferias, sería redundante. Sin embargo, este año se agregó un aliciente más: el nivel humano, que si bien nunca fue descuidado desde la joven y soñadora organización, esta vez se emanó desde el escenario.

Desde Colombia, Catalina Estrada trajo -en el mismísimo día de su cumpleaños-, no solo la dosis de color y vida que expresan sus obras complejas y espectaculares, sino también los colores de su infancia y las músicas de una infancia nueva. Sus proyectos comunitarios, especialmente dedicados a una biblioteca popular devenida en escuela de artes y oficios, en medio de un territorio de conflicto entre las FARC y los paramilitares, en proceso de pacificación, despertaron la emoción en el público, los aplausos de pie, incluso las lágrimas que no solo manifestó el público, sino la misma conferencista.

En otro punto, llegaría Chuck Sperry, con su proyecto Firehouse, y su larga y reconocidísima trayectoria en el ambiente de los posters de rock. Aquí también la parte histórica se hizo presente: desde la infancia de los cómics, la influencia hippie, para pasar al punk acromático y fotocopista, roto, collagero. Más tarde reviviría los colores de la psicodelia,  trabajar fuertemente y con militancia para la revista crítico política World War 3 Illustrated y una continua relación con los movimientos populares, paros, actos y manifestaciones trabajadoras.

Una buena ilustración del espíritu de su trabajo es que si bien el rigor gráfico es infalible, la frase que se interesó en dejar en el público fue “The city is ours, we can shut it down” (La ciudad es nuestra, nosotros podemos pararla).

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                                      Chuck Sperry, su trabajo con el rock y la sociedad

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Ya desde las mismas gráficas del evento, se sabía que la bestia principal era negra, y era una pantera. Emory Douglas subió al escenario con una actitud clara: “First of all, I wanna say Power to the people!” (Antes que nada, quiero decir “poder para el pueblo”). La charla destiló espíritu black panther, con una presencia tal que se podía llegar a viajar en el tiempo y sentir la vibración enérgica por la lucha de la igualdad de derechos. Se podía, también, quedarse en ese preciso instante y reflexionar sobre la necesidad de que con ver a Emory Douglas no alcanzaba, había que ser Emory Douglas. Luego de acercarse casi vergonzosamente al partido en su juventud, Emory se involucró activamente con cada uno de sus intereses, sus extensiones, convirtiéndose, a base de militancia y un talento gráfico admirable, en secretario de cultura del partido.

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Emory Douglas y su afiche “el primer black panther”

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Sería hasta indecente quedarme con solo estos nombres de una edición de Trimarchi que contó con personalidades exquisitas. Pasó Niklaus Troxler, maestro del diseño gráfico y exponente de una rama rebelde del tradicional diseño suizo. En una charla clara y concisa se explayó sobre su relación con el jazz, la influencia en sus obras y las criticas al estilo unívoco de la tradición suiza. Gabriel Martínez Meave fue una exposición de virtuosismo: un talento inacabable volcado al servicio del diseño gráfico, la tipografía y la ilustración, generalmente integrados, de manera compleja y fina. 123Klan, desde Francia, hizo gala de su estilo de ida y vuelta entre las calles y el diseño: el grafitti aplicado al diseño gráfico y viceversa.

Otra construcción desde el humanismo fue vislumbrada en el proyecto Inderrumbable, con todo el contenido que incluye darle vida a una ciudad entera, encontrar en los colores en las paredes una variable interesantísima a la polución visual, que es la emanación de dinamismos al contacto con la percepción visual.

Podría así seguir hablando, por mucho tiempo, de Leandro Castelao, y su complejo enmarañado de elementos simples, de los disímiles proyectos presentados, del marco musical, del que participaron BoomBoomKid, Miguelius, Humo del Cairo, Luz Paris y muchos más; pero el último ítem, prefiero que vaya para la familia Trimarchi, encabezada por Pablo y Sebas, para resaltar su persecución de encuentros, sin saber bien qué pasa, sin que importe mucho qué pasa, pero apostando a agrupar gente, a generar cosas y a respirar aires nuevos y de escuela, que son intelectuales y técnicos, pero son, primeramente, humanos.

Dr. Dax

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