Teatro independiente, realidad alternativa

.

El Permiso nos había dejado pensando. Estábamos ansiosos por charlar con su director. Martín Cittadino llegó a las 19.20 hs. No fueron necesarias las preguntas preparadas, estábamos frente a un conversador nato. Humildad pura. Pidió mate, y se encargó de cebarlo. Mientras circulaban los ya clásicos amargos con limón, pusimos a funcionar el grabador; sin prisa, pero sin pausa, la voz fuerte y decidida de Martín se abrió paso.

.

¿Cómo surge hacer El Permiso?

Surge a partir del autor, es amigo mío. Un día me acercó el texto, cuando recién lo estaba empezando a escribir. A mi me gustó. Nos entusiasmamos, seguimos charlando sobre lo que escribió, él siguió escribiendo y, en determinado momento, nos pareció que ya había material como para empezar a laburar teatralmente. Ahí convocamos a algunos actores y actrices amigos y empezamos a laburar a partir del texto. Todavía eran unas pocas páginas donde estaba el esqueleto de la historia. A partir de la improvisación de los actores en el marco de este esqueleto se fue completando el resto de la obra. Después tuvo varias etapas en cuanto a participantes del proyecto y finalmente lo estrenamos. En un momento el autor dijo “bueno hasta acá el texto”, digamos que le dio un cierre; yo seguí laburando con el grupo y terminamos de darle los últimos toques y adaptaciones que, más que nada, están orientados a que pudieran encajar en el tipo de estética que elegimos en la puesta en escena.

¿Qué pensás que el guión pedía de vos como director?

Originalmente la obra está planteada con muchos saltos temporales, orientada en un relato muy fragmentado. Para el mí el texto me pedía era una puesta hiper-realista. La idea era trabajarlo en tiempo real. Entonces, la mayoría de las adaptaciones que hubo que hacer fueron orientadas a eso. A modificar esa historia que estaba siendo contada y poder pasarla a tiempo real. Sin cortes, sin saltos temporales.

¿Dónde decidieron realizar la obra?

Empezamos a trabajarla en el Centro Cultural América Libre, donde yo ya venía laburando. El espacio del América tiene ciertas particularidades que aportaban a la estética que teníamos pensada para el espectáculo.

.

postal_f

Fotografía: Ayelén Touzet
Diseño: Marian Damiani

.

¿Cómo se llama tu amigo, el autor de la obra?

Se llama Juan Manuel Alfonso, es marplatense; es escritor en general y tuvo algunas incursiones en la dramaturgia, entre ellas El Permiso. Que no se llama así en realidad. Se llama (Martín se queda pensado, una laguna se hizo en su memoria)…no, no me voy a acordar (risas). Resulta que la idea originalmente era que se llamara El Permiso, pasa que después, por cuestiones de derechos de autor, cuando lo fue a registrar le dijeron que ya existía, que tenía que ponerle otro nombre. Entonces, le puso el nombre que primero se le ocurrió en el momento, quedó en el olvido y para nadie se llama así. Como la obra es una adaptación, yo le pude modificar el nombre y por eso…aunque en realidad tampoco se llama El Permiso. Se llama De cómo Lourdes Rotunda Sagastizabal no se resignó a esperar el permiso. Quedó El Permiso.

Contanos un poco del trabajo para realizar la puesta en escena y qué te parece que narra la historia

El trabajo tuvo varias etapas. Primero, el de producción de material dramatúrgico, lo más interesante para mi y para la obra –es la primera que dirijo-. Tenía la intención de incursionar en la dramaturgia actoral y, si bien El Permiso está en el medio pues es una obra de autor, también llegó a ser una obra de dramaturgia actoral. En este caso, como yo tenía mucha confianza con el autor pudimos hacer un trabajo conjunto: yo hacía lo necesario escénicamente y él lo trascribía al lenguaje y a la estética que ya venía trabajando.

¿A qué te referís con dramaturgia actoral?

Me refiero a que el texto surja a partir de la improvisación de los actores; a partir de la propuesta de determinada situación o determinados personajes o roles se genere material dramatúrgico. Luego el autor trascribe y, obviamente, no es al pie de la letra pues está la mano del autor combinándose con el material que generaron los autores. Permite que los actores se apropien con mucha más facilidad de los textos. Ya no son cosas ajenas, sino surgidas a partir del propio trabajo. Y, de esa manera, también se vuelve más orgánico el trabajo. Por otro lado, evita que las obras estén sobrecargadas de literatura.

¿Y qué pasa con las obras que están sobrecargadas de literatura?

Muchas veces, pasa que hay obras de teatro que son muy lindas como texto literario pero después, en el momento de llevarlas a la puesta en escena, es muy difícil y no resultan orgánicos esos textos para el actor. Son problemas que se solucionan a partir de la dramaturgia actoral. Me da un poco de alergia, no me cierra el exceso de poética en el teatro, es una cuestión de gusto.

¿Cómo describirías la experiencia de trabajar El permiso?

Fue en general de mucho aprendizaje. Desde lo estético, desde encarar un laburo de dirección –si bien yo ya tenía experiencia en coordinación de talleres de teatro, nunca había tenido en coordinación de actores-, es decir, estar al frente de actores. Igual yo al trabajo de dirección no lo concibo de manera burocrática: el director es el jefe; por el contrario, cumple un rol distinto al de los actores pero es más un rol de coordinador. Se que la palabra instalada es la de director, pero en la práctica lo concibo como coordinador. Igualmente, te pone en el lugar de referente y tenés que tomar las riendas del proyecto. Fue un gran aprendizaje, un proceso largo, con muchas idas y venidas, pero que llegó a buen puerto.

.

postal_f3

Fotografía: Ayelén Touzet
Diseño: Marian Damiani

.

Todavía no nos dijiste que cuenta para vos la obra…

Sintéticamente: un momento en la vida de cuatro personas, lo que sucede en ese pequeño universo; lo que sucede en esa especie de casa subterránea en la viven esas cuatro personas. A partir de ese pequeño fragmento y de ciertos datos que se ofrecen, el espectador puede hilvanar ciertos hilos, hacer determinadas reconstrucciones. El universo no está donde se encuentran insertados los personajes, no está claro en la obra; yo tengo una visión sobre eso pero no me interesa que esté impuesto. Sí me interesa que haya determinados detalles que muestren un universo de ciertas características amplias y que uno pueda imaginarse lo fino, ir completándolo. Yo desde el principio pensé que era una obra de ciencia ficción, el texto original estaba planteado en un lugar más metafórico…

¿Y entonces por qué pensaste en una puesta hiper-realista?

El texto tenía un vuelo más poético. La situación estaba planteada en un sentido más simbólico. A mi me interesó sacarlo de ese lugar y llevarlo a un lugar real. Me parecía que para poder ponerlo en un lugar real había que trabajarlo a partir de la idea de “presente alternativo” o “posible futuro” o algo por el estilo. Me parecía que la situación ya es lo bastante poco normal, plantea cuestiones bastante antinaturales y violentas: el hecho de que por alguna razón, que no queda clara en la obra, las mujeres ya no pueden tener hijos por parto normal. Personalmente lo veo como una línea temporal alternativa: como un tiempo que podría ser o podría haber sido, pero que no es un futuro inmediato de nuestro presente. El hiper-realismo fue necesario para que una situación tan extraña para nuestra vida cotidiana cobrara verosimilitud, en el sentido de que tuviera más llegada al espectador. Por eso me pareció necesario eliminar al máximo todo lo que fuera la convención teatral.

¿A qué te referís con convención teatral?

Decirle al espectador: esto que no es, juguemos a que sí es. Ésta idea que es tan potente en algunas puestas en escena, me parecía que en El Permiso restaba. Por eso desde el principio la idea era: si vamos a poner una canilla que de esa canilla salga agua. Si los actores calientan agua, que el agua la calienten de verdad; que haya fuego; que en ningún momento se haga como si. La iluminación del espectáculo también está planteada en ese sentido: no tiene luces externas, sino que es del mismo ambiente donde ocurren las cosas, es parte de la puesta en escena; no hay apagones, ni modificaciones, ni efectos lumínicos. Era necesario trabajar a partir de esa crudeza, eliminar al máximo todo recurso escénico y estético. En la obra hay gente común en una situación extrema.

¿Cuáles fueron los conceptos centrales para trabajar con los actores en sus personajes?

Principalmente las ideas de encierro, opresión y obediencia. Además hay dos cuestiones, una natural: el hecho de que las mujeres ya no pueden tener hijos por parto natural y por otro la cuestión cultural y de poder: el hecho de que hay un ente que regula, prohíbe y monopoliza la salud; regula que las mujeres pueda o no parir por cesárea. Había que trabajar con la idea de que en la sociedad donde transcurre la obra se manipula y se invade, desde ese lugar de poder, los ámbitos más privados de las personas. De ahí el permiso: es algo bien burocrático, es una habilitación, un acta firmada para poder parir. Quienes no lo tienen perderán el embarazo. El permiso no se restringe a los partos solamente, sino que se requiere para todo lo que tenga que ver con la vida en el exterior.

Cuando salimos de ver la obra lo primero que se nos vino a la mente fue la cuestión del aborto pero a la inversa. El tema de estar obligada a parir sólo si te conceden un permiso pareciera hacer más patente la imposibilidad de decidir sobre nuestros propios cuerpos en la sociedad actual; estamos pensando, por ejemplo, en la prohibición a abortar (o la obligación de parir)…

Si, yo con el tiempo volví a pensar sobre la obra y hablando con la gente que la vió, me termina cerrando por el lado del género. La cuestión de la mujer decidiendo sobre su propio cuerpo. Termina planteando, ciertamente, una especie de inversa del aborto. También lo veo por el lado de la naturaleza: en la obra están adulterados todos los órdenes naturales. Por ese lado es donde me parece que cobra mayor actualidad.

Nos hablaste de Hiper-realismo, de situaciones cotidianas…pero hay un periscopio en el medio de la habitación donde se desarrolla la obra…

(Risas) la idea del periscopio es plantear el mundo subterráneo. El hogar donde viven los personajes es un sótano, está bajo tierra. Por eso nos vino bárbaro hacerlo en un sótano de verdad. Y es, en cierta manera la ventana por la que miran el exterior. Surgió porque en el texto original decía que los personajes miraban por la ventana…me pareció importante plasmar esa idea y pensé cómo reemplazar la ventana pues no hay ventanas en los sótanos… ¡Y ahí surgió la idea del periscopio!

Antes nos dijiste que te daba un poco de alergia la sobrecarga de literatura y de metáfora en el teatro, ¿Cómo pensás vos el teatro?

(risas) Lo que pasa mucho es que se magnifica demasiado el trabajo del artista en general. Como si fuera más importante que el resto de las actividades humanas. Hay grupos que hacen teatro político, por ejemplo. Ya de por sí la idea de hablar de teatro político también me da alergia…para mi el teatro es político de por sí, no existe el teatro no político. Entonces no parece que se pueda hablar de teatro político, es hablar de teatro. Por ahí hacer teatro político es referirse a hacer obras de teatro con determinado contenido ideológico, lo cual, en realidad, también está siempre. Lo que pasa que no siempre está claro; no por una cuestión de esconderlo, sino porque no está el peso del espectáculo puesto en eso. Estos grupos que plantean que hacen teatro político ponen gran parte del peso en el mensaje que trasmite la obra. No estoy en contra de eso, pero yo lo cuestiono en el teatro independiente. Ya de por si es poca la gente que se acerca a ver las obras, entonces es necesario pensar qué sentido transformador tiene ese tipo de teatro. Hay muchos que plantean que su militancia está en el arte y creen que el arte puede cambiar el mundo.

¿Y vos qué crees?

Yo hago teatro porque me gusta hacer teatro y quiero hacerlo, y, a partir de que hago teatro, veo de qué manera el teatro puede aportar. Pero si hiciera cualquier otra cosa también pensaría en ver de qué manera mi actividad podría aportar a la transformación, al cambio. No creo que el teatro tenga algún valor agregado respecto del resto de las actividades humanas. Es cierto que al estar comprometido con determinada concepción política del mundo es imposible que ello no juegue a la hora de hacer teatro; pues me atormenta pensar qué sentido le doy a la actividad teatral. La salida para mí a ese punto está en el modo de producción del teatro, más que en relación al mensaje de la obra. La concepción política siempre está, uno siempre habla desde la mirada del universo que tiene, pero eso no significa que las obras tengan que tratar sobre ello; a veces tenemos ganas de hablar de otra cosa que no sea política: de amor, de amistad, etc.

Recién hablaste del modo de producción del teatro como el aspecto transformador…

Si, para mi es más profundo el alcance transformador que tiene el teatro en la manera en que se elige cómo hacerlo. En el tipo de vínculos que se construyen entre compañeros, de hacer teatro de grupo y no de elenco. En el teatro de grupo las producciones son grupales.

¿Eso implica que se borre la figura del director?

Para mí sí. Para mí el director en el teatro de grupo es un rol que juega sólo en lo estético, que no es un rol burocrático. Yo lo veo, como ya dije, más como un coordinador. Los talleres que damos nosotros, con mi compañero Ale Comercci, nos planteamos como compañeros con los estudiantes. Cumplimos determinado rol, ese rol hay que llevarlo adelante con responsabilidad. No es que vamos al taller y decimos (Martín abre lo brazos y simula una maestra excesivamente permisiva): “chicos (alargando la “o”), ¿qué quieren hacer hoy?”. Lo que queremos es que los estudiantes puedan hacerse cargo de su decisión de estudiar teatro y de qué están haciendo. Queremos borrar la idea del maestro paternalista, ese que se va a enojar conmigo si no hago lo que le gusta (risas). Me molesta la idea de que el director es el que piensa y los actores ejecutan. En la puerta de Argentares está la frase “sin autor no hay teatro”… ¡Claro, porque no les conviene!

Para terminar, Martín… ¿y tu slogan cual sería?

¡Sin actores no hay teatro! (risas)

Gracias, Martín.

Gracias a ustedes.-

.

Extras:

El Permiso: Todos los viernes de Enero y Febrero, a las 22 hs. en el Centro Cultural América Libre: 20 de Septiembre y San Martín.

Actúan: Patricia Gadea; Luciana Vaccaro; Alejandro Comercci y Juan Barciull

Dirección: Martín Cittadino

Facebook: El Permiso.

 .

Por Naranja Mecánica y Gris Topo

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s