Dos tareas imprescindibles: hacer justicia y no olvidar

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El 1 de marzo comenzó en Dolores el juicio por la desaparición de Darío Jerez. Luego de 11 años, el pueblo donde residía se sigue movilizando.

Darío Jerez salió de su casa en Santa Teresita la mañana del jueves 25 de octubre del 2001, rumbo al trabajo -en la empresa Arcor-, mientras sus tres hijos iban al colegio. Antes de salir Darío le dijo a Viviana, su mujer, que volvía para almorzar. Ya era mediodía y como Darío no llegaba, Viviana comenzó a preocuparse. El contestador era la voz que sonaba en su teléfono celular. Viviana comienza a hacer varias llamadas y se entera que Darío no había terminado de realizar su trabajo en la empresa. Desde ese mismo momento ella inicia su intensa búsqueda. Habla con algunos vecinos. Luego con Carlos Subirol, quien trabajaba en la firma “Comprar” -una financiera en la que también trabajaba Darío- y era, además, amigo de ambos. Viviana desesperaba mientras Subirol la miraba con una quietud y pasividad al menos extraña. El siguiente destino fue la comisaría, donde no quieren tomarle la denuncia. Subirol le avisa que apareció el auto. Viviana va hacia donde estaba el auto, con una copia de las llaves del mismo. Llegan al lugar -junto a Subirol, quien además es abogado- y él mismo decide correr el auto de Darío. Había ya en la comisaría mucha gente. Desde ese momento, la policía citó a Viviana a la comisaría varias veces al día para hacerle preguntas. Viviana entendió luego que la policía buscaba un responsable en su casa, en ella.

Viviana decidió no quedarse en silencio. El pueblo de Santa Teresita hizo eco de la búsqueda, excepto Carlos Subirol (hoy Vicecónsul de España) y Alejandro Muñoz (en ese momento empleado con cargo en “Comprar”; hoy un empresario con múltiples propiedades: complejos, locales, edificios). Ellos manejaban una información que Viviana y el resto del pueblo no tenían. Durante ese tiempo, Subirol habría dicho a dos amigas de Viviana que se queden tranquilas, “que mañana cuando amanezca, a Darío lo van a encontrar culo al norte en un zanjón”. La búsqueda era del pueblo: bomberos, caballos, gente en la calle. La policía se vio empujada a la búsqueda por la reacción popular. Carlos Subirol sólo visitaba la comisaría y seguía el caso de cerca, ansioso. Hoy está imputado junto a otras cinco personas más. Subirol y Muñoz dicen que “la señora de Jeréz les manchó su buen nombre y honor”.

Los imputados al día de hoy son Jorge Eduardo Grande -en el momento de la desaparición era Secretario del Gobierno radical de Magadán-, Leandro Gastón Alzugaray, Gerardo Cristian Ibarra y Daniel Claudio López -ex funcionarios de la administración Magadán-, Alejandro Gustavo Muñoz y Patricia Graciela Sanabria. El mismo Gastón Alzugaray habría aseverado a Jorge Grande que se les había ido la mano con Darío.

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Cada vez que la causa apuntaba hacia el lado de la empresa “Comprar”, surgía algún distractor. En medio de la causa Viviana recibe un llamado de alguien que le dice que mató a Darío en La Lucila del Mar a las 9 am. Inmediatamente, se dirige a la comisaría y luego de llamar verifican que el teléfono desde donde se realizo la llamada, correspondía a un número Mar de Ajó correspondiente a un chico discapacitado que en su mochila contenía un escrito que decía lo mismo que el llamado telefónico, exceptuando que el horario decía “21 hs.”. A cambio de este “favor”, Cristian Ibarra, al poco tiempo,  llevaría materiales de su corralón a la casa del joven. Esta acción constituía toda una estrategia para demorar el acertado camino de la investigación. Luego Patricia Graciela Sanabria -amiga de todos los otros imputados en el caso- da un falso testimonio, que lleva a allanar el terreno más grande de San Clemente del Tuyú. Hecho que demoró aún más años la investigación.

No faltó la preocupación de Magadán al afirmar en la comisaría, “esta persona me interesa, esta persona vale, ¡búsquenla!”. Una preocupación que excedía lo “protocolar”. Él mismo traslado a Viviana al Ministerio del Interior, donde con total impunidad le afirmaron que “estos casos ocurren siempre, hay personas que se van y no vuelven”. Queda demostrado a todas luces que la causa fue movilizada por los familiares de Darío con un fuerte respaldo del pueblo de Santa Teresita, y no por los funcionarios cómplices. La misma Viviana asegura que aún sigue esperando respuesta del Ministro de Seguridad de la provincia, Ricardo Casal.

Si hasta aquí todo parecía siniestro, lo es aún más. 15 días antes de cumplir 15 años, Joaquín –el hijo mayor de Darío y Viviana- recuerda haber celebrado su cumpleaños con aquellos que luego estarían implicados en la desaparición de su padre.

Durante el 2001 en el Partido de la Costa ocurrió notablemente una seguidilla de hechos, que evidencian el contexto en que desaparece Darío: profanaciones de tumbas, asesinatos y bombas en la puerta de la Iglesia. La impunidad estaba a la hora del día.

La causa no durmió en los despachos de Tribunales. Y esto se debe fundamentalmente al empuje que han dado familiares, amigos y el conjunto de la comunidad, para desmantelar el entramado mafioso que salpicó al poder político y empresarial. Poder romper la barrera de “lo decible” y empezar a hablar de los desaparecidos en “democracia”, hasta ese momento era tabú. Quizás aún hoy todavía lo es, pero se empieza a evidenciar que en los hogares se habla de Darío Jerez. Para Viviana “es una herida abierta, todos quieren saber lo que pasó con Darío”. “Para saber qué pasó con Darío, necesitamos que la gente nos acompañe”. Para Joaquín, con el caso de su padre, se busca hacer un ejercicio de memoria, lograr la movilización y participación popular, romper con la impunidad, sentar un precedente.

El caso de Darío: uno más entre los tantos miles que salpican al poder político, empresarial y policial. Frente a los embates de la impunidad y la construcción del relato único de los “derechos humanos” dos tareas son imprescindibles: hacer justicia y no olvidar.

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El juicio por la desaparición de Darío Jerez comenzó el pasado 1 de marzo, después de 11 años del hecho. El mismo viene desarrollándose en el Juzgado Criminal Nº 2 de  Dolores, con gran apoyo del pueblo de Santa Teresita, en parte gracias a la difusión que realizó y sigue realizando “Radio Libre” de dicha ciudad. Los “no recuerdo” fueron las respuestas más repetidas por los testigos citados a declarar (claro está: de aquellos que sí respondieron con su presencia a la citación del juzgado). No recuerdan si conocían a Jerez, no recuerdan si Muñoz tenía relación con importantes políticos, no recuerdan si vieron a Alzugaray en los pasillos de la municipalidad, no recuerdan si Subirol dijo “cuando amanezca lo encontrás culo al norte” –refiriéndose a Darío-, no recuerdan si hacían descuentos de cheques… En fin, una amnesia colectiva de parte de quienes todo saben y nada dicen.

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Unicornio Azul y Viejo Verde

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