Yo sabía que los mató la policía

.

En tres meses dos casos de gatillo fácil se ejecutaron en la ciudad de Mar del Plata. Esta vez las víctimas fueron Mauricio Araujo y Alejandro Sosa. Familiares y amigos se manifestaron frente a Tribunales.

.

A las 11 de la mañana, del pasado viernes 22 de marzo, familiares y amigos de los jóvenes asesinados por la policía, Mauricio Araujo y Alejandro Sosa, se concentraron en la puerta de Tribunales – ubicado en Brown y Tucumán- para difundir los casos y exigir justicia.

Recordemos que en la madrugada del 23 de diciembre, Araujo y unos amigos se encontraban varados luego de que se descompusiera el auto en el que se movilizaban. En ese instante se dirigieron hacia un puesto de choripanes, mientras su hermano mayor iba a auxiliarlos. A la vuelta se encontraron con un policía de civil en el auto varado. Allí le disparó a Mauricio un tiro en el brazo, para más tarde darle un culatazo en la nuca. Otro uniformado, que llega al lugar en auto de civil acompañado por otro oficial, le dijo al ejecutor que lo bajara porque “no servía más”. En ese entonces, Araujo recibió otro disparo que lo ultimaría, mientras su primo era golpeado por los policías. Para ese instante, llegó un patrullero. Los uniformados amenazaron a los jóvenes testigos del asesinato para que no presentaran ninguna denuncia, ni declararan sobre lo acontecido. Como si no fuera suficiente esto, le pusieron un arma a Araujo para disfrazar el homicidio como un enfrentamiento.

.

ast

.

Luego del asesinato de Mauricio, les siguieron más amenazas de muerte a familiares y amigos para acallar las voces que vienen denunciando el caso. La causa no logró activarse inmediatamente. Dos meses se tardó en dar la autorización judicial para realizar la autopsia. En la misma se confirma el golpe recibido en la cabeza, negado sistemáticamente por la fiscal y la abogada querellante. La fiscalía ordenó realizar las pericias balísticas con la misma institución que ejecuta el asesinato: la policía. El resultado está cantado. Diagnosticaron que el arma que tenía Araujo estaba lista para disparar, pero no dieron cuenta de que esa arma había sido plantada por los mercenarios que le dieron muerte. Luego de pasar por dos abogados defensores, finalmente hoy la causa se logró mover un poco gracias a los familiares que constantemente están pendientes.

En el caso de Alejandro Sosa, nos encontramos con una situación similar. Como ya explicitamos en la nota de COMUNA (ver “Lo que mata es la policía” ) a Sosa lo asesinaron oficiales de la comisaría 3ª. El lunes 11 de marzo, Alejandro llegó a su casa luego del trabajo. Fue interceptado por un sujeto que había intentado robarle en su casa el viernes anterior a su asesinato. Esta persona se encontraba acompañado por dos individuos más, uno de ellos era un policía vestido de civil. Sosa quedó reducido a punta de arma. En el interior de su vivienda comenzaron a golpearlo, con su familia y vecinos de testigos. La brutal golpiza le provocaría la muerte, luego de que una costilla quebrada le atravesara el hígado.

.

ast2

.

Ni bien asesinado, Alejandro fue acusado de robo y de este modo habría una forma de encubrir un claro caso de gatillo fácil. El caso de Sosa se enrareció por la complicidad de la fiscalía para con los autores materiales del hecho, es decir los oficiales de la 3ª, emitiendo un comunicado donde se criminaliza, una vez más, a la víctima. Luego de la activa participación de los familiares, se lograron algunos avances importantes. Luego del allanamiento a la 3ª se descubrió que allí funcionaba un cuarto para torturar a quienes “levantaban” de la calle. Como en los años del terrorismo de Estado.

Ambos casos comparten el mismo fiscal y abogado defensor. Los familiares de Araujo y Sosa vienen denunciando la complicidad de la fiscalía para con los asesinos. Hay un claro encubrimiento, dado que no se han tomado las medidas necesarias para ir a fondo con ambas causas. Sólo se han suspendido al comisario de la comisaría 3ª, Guillermo Reginati, y a los seis efectivos que participaron del traslado de Sosa –entre ellos uno apellidado Córdoba-, acusados de negligencia por incumplimiento de sus deberes. Nada se dice del asesinato. Pese a ser amedrentados por la policía, incluso con amenazas de muerte, vale destacar la valentía de las familias para poner la cara denunciando el encubrimiento y exigiendo justicia para Mauricio y Alejandro. Dos más de los miles.

.

Por Viejo Verde y Fiesta Negra

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s