26 de junio, una fecha distinta

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No fue la crisis. Lo sabíamos, pero el descaro de los medios corporativos dio lugar a la miseria. A la miseria más miserable. Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, dos jóvenes militantes, piqueteros, desocupados, luchadores, se encontraban en las filas de seguridad de una movilización que pretendía cortar el Puente Pueyrredón. El piquete era (es) por excelencia una medida para interpelar al poder político y a la sociedad en general. Los noventa y el menemato evidenciaron esto. En otro momento hablamos de eso. Como decíamos, Darío y Maxi se apostaban para la seguridad de una movilización importante, donde se demandaba trabajo digno y mejores condiciones de vida. Ni más ni menos. Esta medida formaba parte de una serie de resoluciones desprendidas de la Asamblea Nacional de Trabajadores ocupados y desocupados, realizada en el Polideportivo José María Gatica de Avellaneda. Varios Movimientos de Trabajadores Desocupados (MTD’s) de diferentes localidades de conurbano y barrios de Capital Federalse hicieron presentes. Días previos Eduardo Duhalde –por entonces presidente de la Nación- y su gabinete, entre los que se encontraba el inefable Aníbal Fernández, venían advirtiendo que utilizarían todos los instrumentos del Estado, naturalmente represivos, para replegar la movilización. No se trataba de una simple advertencia. En las inmediaciones del Puente Pueyrredón las columnas de la CTD Aníbal Verón, el Movimiento Teresa Rodríguez, Barrios de Pie, MIJD, Polo Obrero, MTL, FTC, Bloque Piquetero Nacional, se apostaban, desde diferentes puntos, para concretar el corte. Cuando se movilizaba a fin de converger todas las organizaciones, un cordón policial impedía la confluencia de las mismas. La prepotencia de las fuerzas policiales provocó a un enfrentamiento con las organizaciones. A partir de allí lo conocido. La expresión más viva de un Estado represor por naturaleza se manifestaba aquel 26 de junio de 2002. Gases lacrimógenos, balas de goma y de plomo, carta blanca para matar. La cacería a los activistas se extendió largo rato. Las fuerzas policiales –Bonaerense, Federal, Prefectura, Gendarmería y agentes de la SIDE- persiguieron y dispararon a quemarropa. Incluso llegaron a “reventar” locales partidarios, el Hospital Fiorito y domicilios particulares en búsqueda de manifestantes. La persecución llegó hasta la estación de trenes de Avellaneda (hoy rebautizada “Darío y Maxi”). Allí, en el hall de la estación, la policía ultimó a Kosteki. Santillán, junto a otro compañero, se detuvo a socorrer al militnte caído. El brazo extendido de Darío, imagen/fuerza que se convertiría en símbolo de la solidaridad de los de abajo, pretendía contener la brutalidad policial. Pero no sería suficiente. Salió corriendo, y unos metros después Darío es cobardemente asesinado por la espalda.

Cada 26 de junio, la calle nos convoca a seguir dando pelea por transformar la sociedad. Tal como lo hicieran, al punto de entregar sus vidas, Darío, Maxi y tantos caídos en las luchas populares. En diferentes puntos del país son miles los que se movilizan reclamando justicia por la Masacre de Avellaneda. Mar del Plata no es la excepción. El pasado miércoles 26, un acto con posterior movilización se concretó en la capital de la desocupación. Desde las 16 hs. se fueron concentrando – frente a la Municipalidad- las diferentes columnas de las organizaciones, entre las que se encontraban el Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional, la Coordinadora Votamos Luchar, Movimiento 15 de Enero, Partido Obrero, Colectivo de Filosofía, TER, MIR, Frente Antirrepresivo, HIJOS, Unidad – CEPA, PTS y el Centro de Estudiantes de Humanidades. La marcha se llevó a cabo por Av. Luro hasta el Puente de las Américas. Allí se dio lugar a la lectura del documento unificado por las organizaciones convocantes. En el mismo se denunció que a 11 años de la Masacre, de Duhalde a los Kirchner, sigue impune el crimen de Santillán y Kosteki. Asimismo se explicitó la situación de judicialización y represión a la protesta social, que tiene en su haber un listado de asesinados por luchar y 6000 procesamientos a luchadores populares; los casos de gatillo fácil y los desaparecidos forzados; la lucha contra la precarización laboral y la desocupación, por viviendas dignas, por educación y salud para el conjunto de los trabajadores y el pueblo. Por otro lado se pasó revista por las responsabilidades políticas de la Masacre, dando cuenta que ningún funcionario político aún ha sido procesado por los asesinatos y la represión del 26 de junio de 2002. Todo lo contrario, algunos de ellos siguen siendo funcionarios del kirchnerismo. Es el caso de Aníbal Fernández, quien era Secretario durante la presidencia de Duhalde y mano derecha del “Cabezón”. También nos encontramos con Carlos Soria, responsable de la SIDE, quien falleció sin haber sido juzgado. Recordemos que Soria fue designado por el oficialismo a la candidatura para gobernador de la provincia de Río Negro. Parte de la responsabilidad le cabe al por entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Felipe Sola, hoy diputado nacional por el Peronismo Disidente. No quedan afuera Juan José Alvarez – ex Secretario de Seguridad de la Nación-, Alfredo Atanasof –ex Jefe de Gabinete y actualmente diputado nacional por el bloque de Francisco De Narváez-, Jorge Capitanich –ex Jefe de Gabinete, predecesor de Atanasof, y hoy gobernador por el FPV de la empobrecida provincia de Chaco-. Asimismo se señalo a los funcionarios duhaldistas Genoud, Oscar Rodríguez y Vanossi. Por otro lado se pasó revista por los responsables materiales de aquella jornada sangrienta, de los cuales 8 fueron llevados a juicio, entre ellos, el comisario Alfredo Fanchiotti y el cabo Alejandro Acosta. Estos fueron condenados a prisión perpetua por los asesinatos, pero gozan de beneficios. Al grito de ¡Darío Santillán, presente!, ¡Maximiliano Kosteki, presente!, y luego de algunas intervenciones de las organizaciones presentes, los manifestantes marcharon nuevamente para el Palacio Municipal.

Seguimos sosteniendo, no fue la crisis lo que asesinó a los militntes. Clarín, que osó titular la tapa de la tirada del 27 de junio de 2002 de este modo, fue otra de las armas con las que contó Duhalde. Esta vez no se trataba de replegar la movilización –léase, reprimir-. El papel de Clarín y los grupos de comunicación concentrados fue ni más ni menos que el de deslindar la responsabilidad política en la Masacre de Avellaneda. Y por deslindar, léase encubrir a Duhalde y su gobierno. Se habló de enfrentamiento entre “facciones” de las organizaciones piqueteras, y por otro lado apuntaron las responsabilidades a las fuerzas policiales, como si las acciones de las mismas no dependieran de directivas políticas. A la canallada de los medios, se suma la de algunos dirigentes del “campo popular” (las comillas son intencionales). Es el caso de Luis D’ Elia, en ese entonces al frente de la Federación Tierra y Vivienda –integrante de la CTA-, impulsaba una política de negociación con el duhaldismo, junto a otras organizaciones como la CCC. Al contrario de los MTD’s, D’ Elia se sumaría al coro conspirativo que pretendía hacer de las victimas, victimarios.

Lejos están Darío y Maxi de los que han mancillado la historia, en función de conservar, o constituir, privilegios de poder. Y si hablamos de Maxi y Darío, tenemos que hablar de todos los Santillán y Kosteki, las Teresa Rodríguez y los Víctor Choque, los Aníbal Verón y los Javier Barrionuevo, que siguen construyendo, con firmeza y  pacientemente, algo distinto. ¿Distinto a que? Distinto a los que pretenden hacer de las balas la respuesta definitiva a la organización y la lucha de los de abajo. Distinto a quienes pretenden callar con la represión el grito desesperado del hambre y la desocupación. Distinto a los aparatos políticos que se han regenerado, una y otra vez, y que no hacen más que legitimar el estado de las cosas. De eso distinto, creado desde abajo y batallando diariamente, estaremos rindiendo el mejor homenaje a Darío, Maxi y todos los caídos. ¿Y donde nos veremos? ¡En la lucha!

Compartimos dos galerías de fotos realizadas duante la marcha en Mar del Plata:

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Fotos: Carmen Fanjul

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Fotos: Angie Barbadillo

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por Viejo Verde

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